Cómo Ser Salvado
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Está claro que nadie puede salvarse por sí mismo. No tenemos cómo. Sin embargo, tenemos un salvador al que podemos contar con, no importa cuán horrible sea nuestro pecado. Él pagó con su sacrificio todo y al final dijo: “Ya está hecho!” No hay mejor ejemplo que el que Jesús mismo nos proporciona cuando estuvo en la cruz en medio de los dos condenados: “Y uno de los malhechores que estaba colgado le interpelaba, diciendo: ‘¿No eres acaso el Cristo? Sálvate y a nosotros’. Pero el otro contestó reprendiéndole: ‘¿Es que no temes a Dios, viendo que estamos condenados similarmente? Y en efecto justamente, porque nosotros estamos pagando por nuestras andanzas, pero este hombre no ha hecho nada malo’ Y agregó: ‘Jesús acuérdate de mí cuando entres a tu reino’. Y Jesús le respondió: ‘En verdad te digo que hoy mismo estarás en el Paraíso conmigo’.
Esta simple confesión de un criminal aguerrido bastó para obtener su salvación. Para tu salvación ora de todo corazón algo así:
“Jesús, soy un(a) pecador(a) y Te pido perdón por todos mis pecados. Creo que sufriste y moriste en pago por mis pecados y que resucitaste al tercer día para demostrar que en Ti está la vida eterna. Te invito a mi vida para que de ahora en adelante seas mi Señor y Salvador. Gracias por quererme tanto. Guía mi vida desde ahora y ayúdame a hacer tu voluntad. En tu nombre hago esta plegaria. Amén”
Admite que eres culpable - nadie más tiene la culpa. Tu eres responsable y mereces la muerte por tus pecados. Pero Jesús sufrió enormemente y murió por todos tus pecados, entonces, ahora que lo admites, date cuenta de que todo está pago.
Pide perdón - al admitir que eres culpable y, dándote cuenta de que Jesús, a pesar de ser inocente pagó por todos tus pecados, automáticamente te lleva a las lágrimas y dispuesto a pedirle perdón.
Pídele a Jesús que sea tu Señor y Salvador - llegaste a este punto porque tuviste que admitirte que no puedes seguir por tu cuenta. Lo trataste todo este tiempo y es como si lo hubieras empeorado, como si trataras de moverte en arena movediza.
Pídele al Espíritu Santo que te ayude a combatir tu naturaleza pecadora - le pediste a Dios que te saque de esa arena movediza en que estabas atascado(a) y tuviste fe que lo podría hacer. Pero la vida está llena de tentaciones. Necesitas a Dios, a través del Espíritu Santo, para que te mantenga fuerte y para que te dé sabiduría para vencer al pecado, continuamente.
Agradécele a Dios por amarte - en este proceso tus ojos han sido abiertos. Estuviste ciego(a), pero ahora puedes ver. Ahora que las escamas de tus ojos fueron removidas, todo te parece muy claro. Con esta nueva perspectiva, ¡no te queda otra cosa que agradecer a Dios por Su increíble Gracia! Bienvenido(a) a la familia cristiana.
¿Y ahora qué?
Tendrás la necesidad de decir a todo el mundo cómo te sientes y todo lo que ahora entiendes. Pero acuérdate, todo el mundo aún tiene escamas en sus ojos. Están como estuviste no hace mucho. Se paciente con todos, especialmente contigo mismo. Es el momento de aprender la palabra de Dios. Los que te rodean te preguntarán cosas y tendrás que responder con la verdad. Lee la Biblia y memoriza los pasajes importantes, que, en tu mente, explican los conceptos que antes no entendías. Únete a una iglesia que estudia la Biblia, para que recibas el apoyo y las plegarias que necesitas para lidiar con el mundo no-creyente alrededor tuyo. Te sentirás comprometido(a) a dar. Te das cuenta de que lo que eres y tienes no es realmente tuyo, que todo es de Dios. Sin embargo, tu deber es de dar a organizaciones que darán buen uso a tus donaciones. Antes de decidir a quién dar, investiga el actual porcentaje que llegará a los recipientes. Donar el diez por ciento de tu ingreso neto es una buena medida para comenzar. Produce buenos frutos. Tu conversión es un buen fruto. Ayudar a los demás a entender la Verdad es también ser fructífero. Pero recuerda, algunos plantan, otros riegan, y otros cosechan. Tal vez nunca harás las tras cosas, pero cada una de estas acciones son fructíferas a los ojos de Dios.